Gregorio Samsa, vendedor de un almacén que anda de ciudad en ciudad haciendo su trabajo, vive con sus ancianos padres y su joven hermana, a quienes matiene con su sueldo. Ha conseguido el trabajo debido a las deudas de sus viejos con el dueño del negocio, que si no fuera por esas deudas, Gregorio habría renunciado ya hace mucho tiempo.
Son las seis y media de la mañana y ya está retrasado, pues ha perdido su tren de las cinco. De hecho si no se da prisa seguramente perderá el de las siete también. Su madre y su hermana tratan de lograr que se levante de la cama. Incluso el apoderado del negocio, por no presentarse Gregorio a tiempo, ha acudido a su casa para saber la razón de su ausencia en sus labores.
Con mucha dificultad y torpeza Gregorio logra salir de su cama, intentando de mil maneras llegar a la puerta de su cuarto. En el trayecto trata de convencer al apoderado de que su retraso se debió a un malestar, pero estará listo para el tren de las ocho.
Tambaleandose, por fin logra llegar a la puerta y abrirla, acción que parecía casi imposible para él. La puerta se abre lentamente, pero como Gregorio está recargado en ella no aparece en la escena, sino hasta unos instantes depués. Al aparecer su figura, sus padres y el apoderado se desconciertan y muestran tanto miedo, que el pobre Gregorio va a dar al suelo y huye hacia adentro de su habitación.
La razón del pánico es que, al despertar esa mañana
después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.
Gregorio entonces se ve destinado a vivir el resto de sus días enclaustrado, digiriendo sobras de la comida de su familia, escondiendose para no provocar temor a sus seres queridos, desplazandose por todas los rincones, paredes y techo de su alcoba, dejando un repugnante rastro detrás de él y disfrutando del paisaje que le ofrece la ventana en lo alto de la pared.
Esta obra de Kafka se puede interpretar de varias formas, en lo particular, yo puedo identificar dos. La primera es el egoísmo, ya que sobre Gregorio recaía la responsabilidad de mantener económicamente a su familia. Sin embargo, ahora que la familia es la que tiene que hacerse cargo de él, la situación es muy diferente. La segunda es el hastío de la cotidianeidad.
Para los lectores interesados y con dos o tres horas disponibles, pueden encontrar en línea el texto íntegro del libro aquí y aquí.

La metamorfosis (Die Verwandlung), 1851
Franz Kafka (1883 - 1924, escritor del antiguo imperio Astrohúngaro)
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One Response
poscorp
March 7th, 2007 at 2:17 pm
1Este hombre tiene libros maravillosos por lo espantoso de su retrato de una realidad anquilosada por la burocracia….Me encanta…gracias por recordárlo
PosCorp
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